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Mostrando las entradas de 2014

Mente En Rojo.

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La noche había llegado. Sully leía tranquilamente en una banca de la estación del tren. “Quinto capitulo terminado”, pensó. Cerró el libro y se dio cuenta de que la estación estaba vacía. Sacó su teléfono para ver la hora... no encendió. Las lámparas que iluminaban el largo pasillo blanco a las orillas de las vías comenzaban a parpadear cuando un fuerte ventarrón arrastró miles de papeles por el suelo; salían del túnel. Notó manchas rojas en muchos de los papeles; estas se extendían, llegaban al suelo y éste parecía absorberlos; se veía oscuro, con un color rojizo que se acercaba a ella. Sully comenzó a correr en dirección contraria. Al pasar bajo una de las lámparas, ésta explotó, cortando levemente una de sus mejillas. La mancha seguía extendiéndose, ahora también por las paredes y el techo; dejaba en el pasillo una oscuridad roja. Sully llegó al final del pasillo, al comienzo del otro túnel. Recargó su espalda sobre la pared mientras la oscuridad roja de acercaba a ella, a su lad...

Un camino con sombras.

Camino de regreso a casa, las calles se iluminan a la luz de la luna llena quien a su vez se esconde tras las nubes. El viento y la luz juegan con mi vista, bolsas tiradas en la calle que parecen cuerpos mutilados y tirados, rocas que parecen miembros amputados. Esto no me molesta, es divertido jugar con los sentidos. El viento choca en mi cara, me hace pensar muchas cosas, ninguna es importante. Las calles están solas, la luces apagadas; no necesito nada de eso, la soledad y la oscuridad me hacen sentir seguro, por lo menos algún tiempo. La luna es mi única compañía, ella y su luz que hace sombras para confundirme y divertirme. Ese camino es perfecto para mí, podría recorrerlo miles de noches, esperando encontrar algo que no sea una simple sombra creada por mi amiga la luna. Efrén Cabañas Luna "Darkmind".

Música para la ciudad.

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Una fina lluvia caía sobre la ciudad, sobre sus tristes y solas calles, sobre el viejo y cansado cuerpo de aquel anciano, sobre su vieja y desgastada guitarra. Miraba fijamente al suelo, a la nada. Recordaba su vida juntos, cada cuerda una década de vida para él, cada arruga en su cuerpo una canción tocada en ella. La lluvia caía mientras sus cuerpos se unían creando música, la mano izquierda del hombre presionaba las cuerdas recordando su pasado; su mano derecha las rasgaba expresando su sentir. Cada triste sonido emitido por su guitarra era un grito, un dolor más sufrido a lo largo de su vida, a lo largo de 60 años llenos de carencias y tristezas. Pero ella siempre había estado ahí, permitiéndole expresar sus sentimientos en forma de bellos sonidos que escondían las más grandes decepciones. Años tocando en la calle, la gente le obsequiaba una moneda en muestra de agradecimiento por la música que aquel hombre brindaba. Ellos simplemente escuchaban los bellos sonidos emitidos por...

La Pasadita.

La carretera se notaba completamente vacía a excepción del automóvil de Jesús. Iba en camino al congreso internacional de criminología y criminalística, tomar aquella carretera le haría recuperar tiempo, pues estaba ya algo retrasado además de que planeaba llegar a hacerse un corte de cabello y darse un baño. Árboles, maleza y un gran pantano eran su vista por aquella carretera, no había rastro de otras personas, no había rastro  de vida además de las plantas. No había pájaros, no había insectos. Su auto negro contrastaba con lo verde de aquél lugar, como una gran mosca en una elegante sopa de perejil. Repentinamente una pequeña casita de madera a la orilla de la carretera destruyó aquella mala metáfora. “La pasadita” ponía un letrero sobre la puerta, y un poco más abajo otro letrero decía “Peluquería” combinando letras mayúsculas y minúsculas. Jesús decidió aprovechar aquel pequeño lugar para cortar su cabello y ganar tiempo, no le importaba demasiado el aspecto del lug...

Conoces las reglas.

-Gracias, lo haré-dije mientras entraba en mi habitación un poco desconcertado por su comentario ¿Por qué debía dormir antes de las 3? Había viajado 6 horas en un camión desde la costa del país hasta la capital, en un par de días comenzaría mi especialización en neurología, decidí estudiarla lejos de mi hogar por qué era la mejor universidad que podía pagar y tenía un buen nivel. La señora que rentaba los departamentos había sido muy amable, Andrea, era su nombre me contó cómo era el vivir ahí y ese tipo de cosas, me interesaba aunque en ese momento estaba muy cansado para preguntar sobre las dudas que tenía. El departamento era algo viejo, pero cumplía con mis necesidades. Metí mis maletas en el closet sin acomodar nada y procedí a dormir, pues estaba muy cansado además de que eran ya las 2 de la mañana, decidí tomar su consejo y dormir antes de las 3. Desperté a las 11, era demasiado tarde, pero no tenía prisa por instalarme, aún había algo de tiempo, abrí la puerta del closet y...

¿Qué ves en la pintura?

Iván despertó como cada mañana lo hacía, aunque esta vez fue diferente. No abrió los ojos, algo le decía que no lo hiciera, algo en su interior se lo impedía. Tomo las sabanas y se cubrió de pies a cabeza, se sentía muy tonto al hacerlo tomando en cuenta que ya era un adulto de 22 años, pero no le importaba. Mientras sentía la adrenalina concentrándose en su pecho y a punto de estallar, escuchó una respiración a su lado y sintió como su cama se hundía a sus pies, alguien se había sentado en ella. La noche anterior Iván había estado leyendo cuentos de terror en Internet para poder conciliar el sueño, en una de las páginas en las que leía vio una imagen que por alguna razón lo cautivo. La imagen era una pintura que mostraba a una anciana de unos 80 años de edad sentada en una silla mecedora con la mirada hacía el espectador pero no centrándose en él, sino mirando a su espalda. Su mirada era penetrante y se notaba desesperación, pareciera que quería saltar de la silla y advertirle  ...