¿Y si jugamos ahora?
Todo era más sencillo cuando sólo éramos niños. Por eso era necesario ponerle algo de drama a la vida. Imaginar grandes batallas en el parque, peleas a “muerte” en el patio de la escuela, misiones ultra secretas en los pasillos de casa. Algunas veces estas aventuras podían ser realmente complicadas, y cuando ya no tenías idea de qué hacer, terminabas el juego y no pasaba nada. Era sencillo. El problema comienza cuando creces y las batallas ya no son tan fáciles. Esto por culpa de algo que crece en tu mente junto a ti. La lógica. Y es que, cuando creces, la lógica ya no te permite saltar varios metros sobre el aire, volar de un árbol a otro o revivir a tu compañero caído. Comprendes que las cosas realmente no son tan sencillas y aunque quieras ignorarla, siempre está en tu cabeza diciéndote que el rumbo por el que llevas tu juego no es el correcto, no en el mundo real. Nuestro pensamiento lógico crece más y más hasta que nos volvemos mágicos. Sí, lo leíste bien. Mágicos. Me refiero ...