La Pasadita.

La carretera se notaba completamente vacía a excepción del automóvil de Jesús. Iba en camino al congreso internacional de criminología y criminalística, tomar aquella carretera le haría recuperar tiempo, pues estaba ya algo retrasado además de que planeaba llegar a hacerse un corte de cabello y darse un baño.

Árboles, maleza y un gran pantano eran su vista por aquella carretera, no había rastro de otras personas, no había rastro  de vida además de las plantas. No había pájaros, no había insectos. Su auto negro contrastaba con lo verde de aquél lugar, como una gran mosca en una elegante sopa de perejil. Repentinamente una pequeña casita de madera a la orilla de la carretera destruyó aquella mala metáfora.

“La pasadita” ponía un letrero sobre la puerta, y un poco más abajo otro letrero decía “Peluquería” combinando letras mayúsculas y minúsculas. Jesús decidió aprovechar aquel pequeño lugar para cortar su cabello y ganar tiempo, no le importaba demasiado el aspecto del lugar, solo quería llegar a tiempo. Estacionó su carro a la orilla de la carretera y se dirigió a la puerta de aquel lugar, jalo una pequeña cadena que hizo sonar una campana. Un señor de unos 50 años, con barba y cabello un poco largo salió del lugar.
-Buenas tardes-saludó amablemente-pase, mi nombre es Leonel.
-Buenas tardes, voy tarde a un compromiso y vi este lugar, y pues necesito un corte de cabello.
-Claro, tal vez parezca raro una peluquería en este lugar, pero se sorprendería de tantas personas que vienen en su situación  y se cortan el cabello aquí a “La pasadita”.-dijo aquel hombre haciendo referencia al nombre del lugar-Tome asiento.

Jesús se sentó frente al espejo, Leonel tomó la máquina para el cabello y la encendió, esta comenzó a hacer un ruido extraño, como si no la hubieran usado en mucho tiempo. La acerco a su cuello, pero lo que sintió no fue la maquina cortando su cabello, sólo un pequeño piquete en su cuello, tal vez un insecto, pensó Jesús antes de quedar inconsciente.

¿Cuánto tiempo ha pasado? Se preguntó Jesús al despertar, miro hacia arriba y un hombre con la piel totalmente blanca lo observaba, no había ni un solo cabello en su cuerpo y sus ojos eran grises, casi al punto de llegar a blancos. Jesús intento levantarse y lo que vio lo horrorizó. Lo que veía sobre él era un gran espejo, y aquel hombre era él mismo. Estaba acostado sobre una fría camilla metálica, con los brazos y piernas extendidas, totalmente desnudo. Estaba adolorido, tenía tubos, agujas y demás objetos médicos adheridos a sus brazos, torso y cabeza. No podía creer lo que había pasado, esperaba haber llegado exhausto al hotel en el que se quedaría y estar dormido por el estrés y cansancio de su viaje, quería despertar pero no era un sueño. Comenzó a sacarse todas las agujas del cuerpo, cada una le generaba dolor casi insoportable, terminó con todas y bajo de la camilla, su cuerpo estaba entumecido y adolorido. Esperó un momento recargado en la camilla y observó la habitación, no había más que la camilla y algunas estanterías frascos de diferentes formas. Comenzó a caminar. La habitación era totalmente metálica, y la única luz en ella era una lámpara tras la camilla. Intento gritar y sintió como si fuera a vomitar, un gran tentáculo salió de su boca y cayó al suelo en un charco de sangre, Jesús se sobresaltó y cayó hacía atrás, aquella cosa se retorcía en el suelo, de repente una puerta se abrió y Leonel entró a la habitación.

-¿Así que has despertado?, ¡oh! ¿Qué tenemos aquí?, el proceso de incubación ha sido un éxito, no tenía muchas esperanzas sobre ti, pero lograste terminar el proceso, has sido el único ¿sabes?-Leonel se agacho y tomó aquella criatura en su brazos, tomó un gran frasco con una sustancia extraña de una de las estanterías, lo metió ahí y cerro el frasco.-La mayoría muere a los 6 meses.
-¡¿Cuánto tiempo ha pasado?! ¡¿De qué mierda hablas?!-contestó Jesús mientras tosía sangre.
-No entenderías, lo único que importa es que ahora perteneces aquí, eres mío y eres parte de algo grande.
-¡Alguien me buscará, encontrarán mi auto!
-¡Jajaja! ¿No notaste el gran pantano al lado de la carretera? Adivina que hay bajo él.-contestó con una sonrisa.
-¡¿Qué me has hecho?!¡¿Quién eres?!-Preguntó Jesús intentando llorar sin conseguirlo, no porque no quisiera; simplemente no podía. Era como si una parte de él no estuviera, eso no era él.

Leonel salió de la habitación sin contestar, esta oscureció totalmente mientras Jesús intentaba gritar llenando el suelo de sangre. ¡Nos veremos en 10 meses! Gritó Leonel, acto seguido subió por un ascensor y llegó a la peluquería. Justamente un nuevo auto se estacionaba afuera.


Efrén Cabañas Luna.

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