Música para la ciudad.

Una fina lluvia caía sobre la ciudad, sobre sus tristes y solas calles, sobre el viejo y cansado cuerpo de aquel anciano, sobre su vieja y desgastada guitarra. Miraba fijamente al suelo, a la nada. Recordaba su vida juntos, cada cuerda una década de vida para él, cada arruga en su cuerpo una canción tocada en ella.
La lluvia caía mientras sus cuerpos se unían creando música, la mano izquierda del hombre presionaba las cuerdas recordando su pasado; su mano derecha las rasgaba expresando su sentir. Cada triste sonido emitido por su guitarra era un grito, un dolor más sufrido a lo largo de su vida, a lo largo de 60 años llenos de carencias y tristezas. Pero ella siempre había estado ahí, permitiéndole expresar sus sentimientos en forma de bellos sonidos que escondían las más grandes decepciones.
Años tocando en la calle, la gente le obsequiaba una moneda en muestra de agradecimiento por la música que aquel hombre brindaba. Ellos simplemente escuchaban los bellos sonidos emitidos por ese hombre y su guitarra, jamás se daban cuenta de que no era solo música; eran también los sentimientos escondidos de aquel hombre, los que escondía tras esa cara que no mostraba nada, siempre una mirada al aire. Alguna vez alguien le pregunto ¿Por qué solo toca canciones tristes?, él simplemente contesto ‘no son canciones, es lo que soy’. Un ser triste, eso es lo que él era, alguien que se sentía feliz por estar triste, algo irónico pero cierto. El tocar la guitarra era lo mejor que le podía haber pasado, pues nunca había sido bueno expresándose, pero con ella todo era diferente. Cualquier sonido que escuchara en su mente podía tocarlo en su guitarra, cualquier cosa que sintiera podía transformarlo en música. Esa era su forma de expresarse, aunque nadie comprendiera el significado de sus notas él se sentía satisfecho.
Fotografía por Gerr Velazco.
Las gotas morían en el suelo, la música en el aire y el anciano en la calle; su corazón se detenía lentamente, sus manos seguían tocando, esta vez alegremente, pues a fin de cuentas tuvo una buena vida, con un gran talento y llena de hermosos sonidos. El anciano dejaba su mundo, su guitarra. Ella era su mundo y mientras él moría ella se transformaba en un simple pedazo de madera. La música cesó.
La ciudad se tornaba  más triste de lo normal, pues ya no había quien la llenara de música. La lluvia arreciaba y las nubes hacían el cielo más gris. Ese músico había llegado a formar parte de esa ciudad, esta vez para siempre. La ciudad entraba en un estado de completa tristeza, un estado tan característico de aquel gran músico.

Efrén Cabañas Luna “Darkmind”.

Comentarios

  1. Muy interesante, sin la música seriamos cuerpos cargando un gran peso, me gusto mucho

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