El Autobús.

Una cruz en un camellón, una bicicleta blanca en la esquina de una avenida, niños lavando carros y personas de la tercera edad regalando volantes en los semáforos, una mujer drogada, loca, abandonada o quizás las tres cosas tirada en una esquina; todo bajo el intenso calor del sol de  mayo. Observaba todo esto mientras viajaba en un autobús casi vacío, mirando por la ventana a las personas. Era triste ver la ciudad en ese estado y era aún peor ver a esas personas, pero me gustaba vivir ahí. El movimiento del camión me arrulló, haciéndome dormir con esos pensamientos en mi mente.
El autobús dio un salto que hizo que me estrellara contra la ventana y despertara, cuando lo hice del todo registre con la mirada el autobús que ya iba casi lleno, pero con ninguna persona de pie. En ese momento vi que un señor de unos cincuenta y tantos años, creo yo, subía. Traía puesta una chamarra y un pantalón, ambos de mezclilla. El hecho de traer una chamarra puesta a las cuatro de la tarde en una época tan calurosa me pareció extraño, pero me pareció aún más extraño un trapo blanco envuelto en su mano izquierda, se veía manchado de sangre y goteaba, se le asomaban los dedos hasta la mitad. En cuanto el chofer se dio cuenta le preguntó si quería que lo llevara a un hospital, pero el señor se negó y dijo que todo estaba bien, que era solo un pequeño corte accidental hecho en su trabajo en una carpintería; se sentó. Toda la gente se le quedaba mirando discretamente hasta que se aburría y comenzaba a escuchar música, platicar o hacer cualquier cosa que una persona podría hacer en un autobús. Yo por mi parte seguía mirando por la ventana pensando, esta vez en la herida del señor. A mí me parecía demasiada sangre para un simple corte accidental, pero era solo un pensamiento, nada más que eso.
El viaje continuo normal; personas subiendo y bajando del autobús. Quedábamos sólo seis pasajeros contando a aquel señor que parecía seguir tranquilo sin importarle la herida en su mano. Volví a mirarla, se veía extraña (claro además del hecho de tenerla llena de sangre), parecía algo larga y se le veía un bulto en la muñeca y parecía que la sangre venía de ahí, podría ser un corte en la muñeca, eso explicaría tanta sangre, pero el bulto y la tranquilidad del señor ante su mano bañada en sangre me hacía dudar bastante de la historia que contó sobre la causa de su corte. Noté que también tenía varios anillos que parecían ser de oro y algunos tenían piedras preciosas, de repente me di cuenta de que los dedos de su mano izquierda  (la que tenía herida)  se veían más delgados que los de la derecha. Se puso de pie y se dirigió al fondo del autobús, toco el timbre y espero a que el chofer se detuviera. Una camioneta se le atravesó al autobús y el chofer frenó tan rápido que el señor se golpeó el codo izquierdo en una de las barras de metal del autobús; su mano cayó al suelo. Estaba completamente cortada desde la muñeca, voltee hacía arriba, su mano seguía ahí, su verdadera mano. La puerta se abrió y el señor salto hacia afuera y corrió, se perdió en la nada. Mientras tanto la mano de alguna persona yacía en el suelo del autobús, aquel autobús que parecía presenciar muchas de las cosas que pasaban en esa ciudad, algunas muy interesantes y unas cuantas más, siniestras. Esa era mi cuidad, una triste, violenta y hermosa ciudad.


Efrén Cabañas Luna.

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